viernes, 26 de noviembre de 2010

Los Genes de la Discordia


¿Quisiera tener toda la información genética de su futuro bebe en una USB antes del parto? ¿O saber que enfermedades podría padecer, de que va a morir, o en que actividad se va a desempeñar mejor? Son preguntas que muy pronto podremos responder tanto por los avances de la biomedicina como de la genética. Un conocimiento de mucha relevancia y que tiene implicaciones tanto éticas como morales por el manejo que se le de a las investigaciones. Los beneficios pueden ser muchos, así como el posible riesgo de discriminación hacia varios segmentos de la población dependiendo de quien tenga acceso y como se le dé uso a dicha información.

Desde el descubrimiento del ADN, a mediados del siglo XX, el campo de la genética, o la comprensión de la herencia que se transmite de generación en generación, ha avanzado a pasos agigantados. En 1977 se secuencia el ADN del primero bacteriófago y ya en Abril del 2003 el Proyecto del Genoma Humano logra secuenciar los 20-25.000 genes que componen el mapa genético humano. Mientras este proyecto tuvo un costo alrededor de los 90.000 millones de dólares, hoy en día es posible secuenciar el ADN de un ser humano a un costo inferior a los 10.000 dólares y se estima que en unos 5 a 10 años su valor podría oscilar entre los 100 y 200 dólares. Esto implica que muy probablemente este genoma, disponible desde el momento de la formación del feto, sea entregado a los futuros padres en una USB o enviado por el médico vía blackberry o iphone.

Entonces la pregunta surge: ¿Qué implicaciones tiene conocer esta información? En la actualidad se han identificado más de 6.000 enfermedades de carácter hereditario y teniendo un análisis riguroso de los datos allí mostrados se podrían inferir futuras anomalías. Claro que algo parecido ocurre en la actualidad con exámenes que detectan enfermedades como el síndrome de Down y la Trisomía 18, y de estos se toma la decisión de voluntariamente interrumpir o no el embarazo.

Es innegable que las ventajas de tener un mapa genético de cada individuo son muchas. En la medicina preventiva, por ejemplo, si alguien es propenso a sufrir de enfermedades coronarias se le podría mantener una dieta baja en grasas desde la niñez. La fibrosis quística, enfermedades hepáticas, la enfermedad de Gaucher, de Huntington y otros problemas degenerativos podrían ser detectados y tratados a tiempo. Así mismo, en un futuro, los medicamentos podrían ser modificados de acuerdo a las características genéticas del paciente, así como el tratamiento anticipado del cáncer o cualquier otro problema a la que la persona tenga propensión.

Pero detrás de las ventajas de conocer esta información, se esconden riesgos e intereses que una vez mas pueden llegar a resurgir si no hay un debate abierto ni un conocimiento profundo de las implicaciones éticas y sociales de esta tecnología. Los genes no operan solos y requieren ciertas condiciones tanto ambientales, hormonales, como de interacción con otros genes para lograr expresarse. Así que la idea del descubrimiento de un gen que regula cierta función específica no es del todo cierta. De otro lado, ¿seria ético abortar si ese individuo va a padecer Alzheimer negándole la posibilidad de una vida plena durante la mayor parte de su vida? ¿Qué enfermedades son aceptables y cuales no? El debate se debe centrar en el conocimiento de las causas y efectos de cualquier problema genético. Sin embargo, muchas personas que tienen que lidiar con hijos e hijas que padecen del síndrome de Down, por ejemplo, nunca tuvieron la opción de abortar, mientras otras escogen preservar la vida a pesar de las dificultades. Allí es donde la sociedad debe estar dispuesta a dar vía libre a que los padres tengan la opción de escoger y al mismo tiempo de garantizar los recursos médicos y sociales necesarios para cuidar a cualquier miembro de la misma.

En otro aspecto, la discriminación genética podría convertirse en un problema a mediano plazo. Si una empresa tiene el mapa genético de un individuo podría dejar de contratarlo por estar en riesgo de padecer cierto tipo de enfermedad. Las compañías de seguros también podrían disponer de dicha información para “lavarse las manos” y asegurar solamente individuos con bajo riesgo de contraer ciertas enfermedades. En el caso de patentes el panorama puede ser incluso más complicado. Compañías privadas han comenzado un rápido proceso de patente de genes humanos en busca de beneficios económicos y control del mercado de drogas y cirugías. Y ni que decir de la supresión de individuos cuyos rasgos no dan la “talla” a los estándares que la sociedad le llegase a imponer.

Podemos concluir que el estudio de la genética humana es importante y tiene ventajas; pero al mismo tiempo, el uso que se haga de dicha información es clave en el debate colectivo que se debe generar. Quien toma las decisiones, impulsa leyes y maneja la información genética debe ser la sociedad en su conjunto y no las grandes corporaciones en busca de ganancias mediáticas. Una cosa si es clara, la investigación genética va a seguir y la humanidad debe estar preparada para afrontar el reto de generar políticas públicas que no discrimine a sus individuos ni que antepongan el beneficio económico sobre su responsabilidad ética.

lunes, 25 de octubre de 2010

Los Sin Tierra


América Latina es una de las regiones del planeta con mayor desigualdad en cuanto al acceso y la distribución de la tierra. Una serie de reformas y contrarreformas agrarias han hecho de este un problema complejo que compromete a las más de 125 millones de personas que dependen directamente del campo para su sustento.

Sin embargo, el problema de distribución de tierras no es un fenómeno nuevo. Al contrario, es una disyuntiva con matices históricos que se sigue acrecentando a lo largo y ancho de Iberoamerica. Desde las haciendas señoriales que establecieron los españoles, portugueses y alemanes en sus empresas colonizadoras, los indígenas americanos junto con los esclavos traídos del África, eran explotados en las grandes plantaciones de caña de azúcar, algodón y café. Mas adelante, e incluso luego de los procesos independentistas, estos latifundios ahora en manos de unos pocos españoles y criollos adinerados, mantuvieron su sistema feudal de explotación en la que lo más importante era la mano de obra gratis y la usurpación de predios. Para estos señores feudales era suficiente una orden de desalojo y algunos soldados para expropiar las tierras que junto con sus ocupantes pasaban automáticamente a ser propiedad del nuevo dueño, legalizando así el delito de expropiación. No siendo esto suficiente, eran obligados a entregar una parte de su producción a manera de impuesto en lo que se denominaba “gramaje” y a trabajar en los predios del nuevo patrón.

A pesar del inexorable paso de los siglos y de la naciente era moderna, el sistema de concentración de tierras se ha mantenido de algún modo mas o menos igual. Ahora con los incentivos gubernamentales, las multinacionales y agroindustrias tienen los ojos puestos en el jugoso negocio de la tierra. Grandes plantaciones con monocultivos se extienden como alfombras en lo que fueran bosques nativos, comunidades indígenas o poblaciones rurales. Y la verdad sea dicha, la mayoría de programas de gobierno de carácter rural se enfocan en mega proyectos agropecuarios en donde afloran los subsidios y la titulación de tierras de dudosa procedencia, sin pago de impuestos al patrimonio de la tierra ni demostración clara de los títulos de propiedad de la misma. Es así como el narcotráfico ha encontrado allí un espacio para su lavado de activos y el control territorial.

Pero los intereses por la tierra van mucho más halla del plano económico. Las campañas políticas siempre prometen a los pequeños agricultores mejores vías de acceso, créditos “blandos”y programas de apoyo para sacar el campo adelante a cambio de votos. También para los modernos señores feudales la tierra es sinónimo de prestigio y estatus social, incrementando de esta manera los grandes predios improductivos en Latinoamérica y el desplazamiento de campesinos hacia las grandes ciudades.

Todos estos factores hacen que las condiciones de pobreza y desigualdad sean aun más acentuadas en el área rural. Según la oficina regional de la FAO para América Latina y el Caribe, cerca del 80% de los propietarios en el campo poseen el 18% de la tierra, mientras que el 6% de los dueños controlan más del 80% de los predios rurales. Esto ha llevado a los grandes éxodos rurales hacia las periferias y los barrios deprimidos de las urbes y de las poblaciones intermedias en donde carecen de muchos de los medios básicos de subsistencia. Así mismo, las grandes agroindustrias de la palma aceitera, la soya, el maíz, la caña y el café, para mencionar solo algunas, generan pocos empleos mal pagos, sin muchos beneficios para los empleados y poco estables para el sostenimiento de una familia en el campo.

Los procesos de concentración de la tierra siguen a pasos agigantados en América Latina y las políticas rurales priorizan el apoyo a los grandes empresarios del campo. De las reformas agrarias pocos gobiernos están dispuestos a hablar porque sus intereses están muy ligados a que este modelo de propiedad semifeudal se mantenga. Los productos de consumo básico ahora se tienen que importar y las economías locales no ven los beneficios ni reciben los dividendos de las grandes explotaciones que solo producen para exportar. La selva se degrada y el desmantelamiento de las comunidades campesinas genera una oleada de miseria e inconformidad para los ciudadanos rurales que siguen siendo considerados de segunda categoría y cuyos derechos muy pocos tienden a respaldar. Es una tragedia que se vive día a día en los campos de Latinoamérica.


domingo, 26 de septiembre de 2010

El Legado de Nuestros Ancestros


Al amparo de las armaduras y de las espadas, hace más cinco siglos, las hordas conquistadoras clamaron este territorio como suyo imponiendo una cultura totalmente diferente a las conocidas en el continente americano. Las historias que aquí narraban los abuelos y que eran transmitidas de generación en generación fueron aniquiladas o en su defecto relegadas al olvido.

Lejos de una memoria histórica que nunca se quiso preservar, acabó por primar la lengua, las edificaciones, la raza, y los modos de pensar de estos seres barbados nacidos en ultramar. La escritura diezmó la tradición oral y una religión única desplazó la reverencia a los dioses de los astros, de los animales y de los elementos. La naturaleza pasó de ser venerada y respetada a ser explotada y codiciada, y los metales que de ella emanaban se convertían en la desgracia de unos pueblos que vieron morir a sus gentes y caer a sus guerreros como arroz.

No es que aquí todas las etnias fueran pacíficas, ni que nuestros primeros pueblos fueran remansos de perfección y armonía. Pero nunca por estas tierras se había visto tanta codicia, tantos atropellos y tantas desgracias juntas como cuando llegaron los europeos que en su afán de dominio vinieron a imponerse sin apreciar la nobleza y el esplendor de los habitantes de estas tierras.

Algunos personajes del nuevo mundo se dejaron convencer, y aun siguen convencidos, de la supuesta grandeza y esplendor de las culturas europeas. Seducidos por la magia de los castillos medievales y por los grandes guerreros acorazados, continúan mirando a nuestros pueblos indígenas como etnias inexplicablemente rezagadas en el tiempo mientras que abundan los elogios para el viejo continente lleno de historias milenarias y grandes civilizaciones.

Sin embargo, se olvida la sangre derramada que ayudó a formar las naciones europeas y a levantar sus imperios. Se ignora que son potencias precisamente por llevar este modelo colonialista hasta los más remotos rincones del planeta sin importar a quienes afectara y si importar a quienes sometieran a su paso. Las joyas de los monarcas del viejo continente y sus imperios se fortalecieron con el oro y la plata que llegaba del continente americano. Aunque al final gran parte de esta riqueza quedó dilapidada en financiar guerras expansionistas y reformistas a través de toda Europa.

Las piezas y los artefactos precolombinos que quedaron fundidos en los bancos, en las arcas de los monarcas europeos, en el vaticano, o que son expuestos en los museos de las grandes capitales del mundo, llevan consigo un pedazo de nuestra historia, un fragmento de nuestro pasado. Es lamentable que este sea el único recuerdo de muchos de los pueblos ancestrales que habitaban el continente americano. Esto hace más difícil conocer lo que realmente pasó antes de la conquista ya no desde la perspectiva del vencedor sino desde nuestro propio punto de visto.

Sin embargo, la historia también sigue viva en los pueblos indígenas que se resisten a perecer y que por el valor de sus ideas debemos apoyar y dar un mayor espacio de participación en la sociedad. El despertar de la memoria también implica que todos nos sintamos parte de ella, que acojamos su cultura y que respetemos y apreciemos el legado de quienes fueron y son nuestros ancestros y que aun habitan el nuevo mundo para así poder reescribir la historia.

jueves, 15 de julio de 2010

La Era del Petroleo


Es necesario un cambio de rumbo, una clara alternativa al consumo de energías fósiles para preservar los diversos ecosistemas y poder sostener la vida en el planeta. Aunque el petróleo ha permitido la movilización de bienes a escala global, la creación de grandes industrias y la producción en masa con el acceso de millones a las comodidades del mundo “civilizado” , factores importantes en el crecimiento de la economía mundial, su uso igualmente implica la degradación acelerada del medio ambiente y la implementación de políticas económicas que conllevan una mayor desigualdad y el incremento en la pobreza con costos incalculables para el planeta y buena parte de la población que en él habita.

En sus inicios el petróleo reemplazó la infame cacería de ballenas cuyo aceite era empleado en la fabricación de velas y la iluminación de lámparas y a su vez el impulso de la naciente industria del transporte (aviación, automóviles) y la producción industrial de comienzos del siglo XX. En ese momento histórico nacieron las grandes compañías petroleras. Así se dio inicio a la apropiación del hidrocarburo y a la implementación de políticas que han ido de la mano con el monopolio del sector. Por ejemplo, la British Petroleum (BP) comenzó en 1901 la negociación con el Shah de Irán para la explotación de la reserva petrolera más significativa de la época. Luego de medio siglo y la posterior nacionalización del crudo, el gobierno de Mossadeq es derrocado con apoyo del entonces presidente de Estados Unidos Eisenhower, la CIA y el gobierno británico, para la recuperación de las reservas y la repartición de las ganancias entre Irán el 50%, y el otro 50% entre los Estados Unidos y el Reino Unido. En 1978 una nueva negociación con el Ayatollah Khomeini dejó a Irán con solo el 10% de las regalías y el restante 90% para BP. Hoy en día la mayoría de países productores solo reciben entre el 3 y el 10% de los dividendos de extracción por parte de compañías que ven subir de manera vertiginosa sus dividendos y su influencia (incluso utilizando el chantaje) para tener acceso a nuevas explotaciones. Uno de los casos más documentados sobre la corrupción que genera el petróleo es el del Delta del Río Niger en Nigeria. Dos décadas de conflicto han dejado a más de 100,000 personas desplazadas por el ejercito y grupos armados durante el proceso de exploración y explotación petroleras por parte de la Shell y de la Chevron con pagos comprobados de sobornos y apoyo a las milicias para la expropiación de predios. Nigeria se convirtió en pocos años en un país completamente dependiente del petróleo (25% del GDP), con una inflación extrema y con un sector industrial y agrícola abandonado, mientras las promesas de cambio siguen fracasando ante los intereses particulares de unos pocos gobernantes y de las compañías petroleras que solo buscan el beneficio personal.

Entre tanto, las petroleras argumentan que dentro de sus políticas internas está la creación de empleo en zonas aisladas y el desarrollo de la economía mundial. La verdad es otra. Los salarios de la mayoría de trabajadores en estas compañías siguen estancados en los últimos años, al mismo tiempo que sus CEOs reciben jugosos beneficios. Por ejemplo, el CEO de la Exxon Mobile recibió en el 2009 más de 27 millones de dólares; D.J. Reilly de la Chevron 16,5 millones en ese mismo año y Eugene Isenberg de Nabors Industries 59 millones de dólares en el 2008 por concepto de extracción de gas y petróleo (www.aflcio.org). El director ejecutivo de la Shell, cuya compañía ganó más de ocho billones de dólares en el primer trimestre de este año, argumenta que “las ganancias se debían al incremento en el precio del petróleo y a las mejoras en el manejo operativo”, lo cual implicó el despido en el 2009 de 5.000 trabajadores al mismo tiempo que se espera el despido de otros mil más para según él “hacer la empresa más competitiva e incrementar el precio de sus acciones” (Bloomberg Businessweek 16 de Marzo de 2010).

Por otro lado, la industria petrolera recibe grandes sumas de dinero por medio de gabelas e incentivos. En Estados Unidos, para citar un caso, las compañías petroleras reciben unos $36,5 billones de dólares al año en subsidios, parte de la política petrolera que la actual administración desea cambiar. Del mismo modo, en Canadá estas mismas corporaciones reciben cerca de 1,5 billones de dólares anuales en subvenciones con capital aportado por todos los contribuyentes. Este dinero, en cambio, debería ser empleado para el desarrollo de alternativas limpias como el hidrógeno en los vehículos y la industria, el metano a partir de compuestos orgánicos y la mayor inversión en proyectos de gas natural. Así mismo, La energía solar, hídrica, eólica y térmica, son opciones interesantes que otros países como Alemania, China y Dinamarca están siendo implementadas a gran escala. Este cambio de percepción sobre el uso de energías fósiles y la creación de nuevas oportunidades en una industria de energías limpias minimizará los efectos del cambio climático y sentará las bases para finalizar la dependencia petrolera.

jueves, 17 de junio de 2010

Marea Negra


El pasado 20 de Abril, un incendio llevó al hundimiento de la plataforma petrolífera Deepwater Horizon y al derramamiento de crudo más grande de la historia del planeta. Sus graves repercusiones para el ecosistema y la población son un recuerdo de los impactos generados por nuestra adicción a los hidrocarburos y de los riesgos de la extracción petrolera en altamar.
Dos días después del incidente se dio inicio a la ardua tarea de limpiar el derrame y de tratar de taponar la fuga que aun sigue sin estar totalmente sellada. Dependiendo de quien dé las cifras, se estima que entre 20.000 y 40.000 barriles de crudo van a parar diariamente al océano (un barril contiene aproximadamente 158 litros de crudo) y para mediados de Mayo la mancha negra tenía el tamaño de Puerto Rico y podía ser vista desde el espacio. Debajo de la superficie, enormes “columnas” de petróleo se siguen formando (hasta de 10 kilómetros de largo), mientras pequeñas costras de petróleo, constituidas a partir de los químicos aplicados en la superficie, continúan posándose sobre el lecho marino y en las playas caribeñas. Las costas de Luisiana, Misisipi, Florida y Alabama en Estados Unidos, al igual que las costas de Méjico e incluso las de Cuba están siendo afectadas y el daño podría de alcanzar los humedales de otros países.

Las soluciones tampoco son prometedoras. Quemar el crudo que queda en la superficie, colocar barreras físicas en las costas, o utilizar poderosos disolventes como el corexin del cual ya se vertieron más de 2.5 millones de litros durante el primer mes de la fuga, poco impactan el grueso del derrame. Este y otros poderosos detergentes perduran en el ecosistema por algún tiempo y algunos expertos ratifican que no son seguros para la fauna marina y su impacto a largo plazo tampoco ha sido cuantificado. Las graves consecuencias de la llegada del crudo en los manglares y otras zonas costeras, es que allí nacen y se reproducen gran parte de los animales marinos al igual que numerosas especies de aves, reptiles y anfibios ahora cubiertos de petróleo y con su hábitat totalmente destruido.

En el Golfo de Méjico existen en la actualidad más de 4000 plataformas activas extrayendo gas y petróleo de profundidades que van hasta los 9000 metros. Así mismo, se divisan grandes planes de explotación en las costas africanas, al igual que en países como Brasil y Canadá, mientras los avances tecnológicos hacen posible la exploración y extracción de reservas antes fuera del alcance de las grandes corporaciones.

La industria petrolera y los propios gobiernos de países que controlan las reservas quieren dejar de ser regulados, de lidiar con el escrutinio público y de desligarse de cualquier obstáculo que algún gobierno o entidad les imponga para su explotación. La fauna, la flora y incluso las comunidades costeras que viven de la pesca y el turismo poco importan para los intereses económicos de quienes se lucran con el petróleo. BP por ejemplo, ha demostrado estar más interesada en sus accionistas que en el bien público. Las repetidas multas por falta de control y manejo seguro del personal y de sus instalaciones, la retención de información valiosa sobre el derrame, los repetidos problemas en sus refinerías que en Marzo 23 de 2005 causaron la muerte de 15 trabajadores al igual que en Marzo 2 de 2006 en donde más de 200.000 galones de petróleo se derramaron en Alaska por falta de mantenimiento en los oleoductos, muestran por parte de BP una realidad opuesta a su mensaje de conservación e interés por el público.
No es la primera vez que un desastre de este tipo pasa y el ideal es que se convierta en prioridad la regulación de las explotaciones petroleras, para que las compañías extractoras estén mejor preparadas ante cualquier eventualidad, para que se restringa la extracción de petróleo en aguas profundas por el riesgo que esto genera y para que se implementen de una vez por todas alternativas mucho más limpias, seguras y confiables a los hidrocarburos si se pretende conservar el planeta. Se debe recurrir al uso masivo de energías renovables y a la implementación de políticas ambientales profundas y concretas antes de que la marea negra se siga expandiendo.

sábado, 17 de abril de 2010

La Maquila


Carmen cosía prendas día tras día en una cadena sin fin, en una agonía interminable. Ella era solo un pequeño eslabón en una mesa donde otras cinco mujeres trabajaban llenando pedidos ante la mirada inquisitiva del supervisor. Todas ellas, junto con las otras 2000 trabajadoras de la compañía compartían los mismos sueños, las mismas ilusiones y las mismas angustias.

Hace dos años, Carmen había dejado a sus padres en una pequeña parcela al sur del país y se había embarcado en la aventura que la llevaría en busca de una vida digna y de un buen empleo para poder enviar algunos pesos a su familia. Pero la situación sería muy distinta. Todo se quedaría en sueños de progreso, de salir de pobres.

Tan pronto como llegó a Ciudad Juárez se enlistó en la primera empresa que encontró y luego de unos exámenes médicos y una prueba de embarazo rutinaria para ellos asegurarse de que no sería un pasivo para la compañía, la contrataron de inmediato.

Con tan solo 17 años, Carmen comenzó a coser mangas. Tenía experiencia pues su abuela le había enseñado el oficio desde que tenía uso de razón. Pero esto era diferente. Las agujas de la maquina se movían a una velocidad impresionante y amenazaban con cercenarle los dedos. Todo estaba milimétricamente calculado por los ingenieros y solo se podían gastar 30 segundos en cada camisa. No había tiempo para pensar, ni para el cansancio, ni mucho menos para quejarse. Las caricias de su abuela ahora se convertían en los gritos despiadados del supervisor y los insultos airados de las compañeras porque su lentitud hacia atrasar toda la cadena de producción y perdían dinero.

No entendía como ella era la culpable y no la empresa si siempre trataba de hacer lo mejor, de ser más rápida. Ganaba tan poco que tan solo le alcanzaba para pagar una habitación que la misma compañía le consiguió y que compartía con otras 3 mujeres, todas igual de jóvenes. El resto del dinero lo empleaba para comer algún bocado en la noche ya que los descansos de 3 minutos cada dos horas en el día no le alcanzaban ni para alimentarse.

En los dos años que duró trabajando para la maquila estuvo tentada a seguir a algunas de sus compañeras. Las veía cuando consumían drogas antes de cada turno o las que les suministraba alguno de los supervisores para que trabajaran más rápido y produjesen más. A estos, en cambio, les tocaban los jugosos bonos por el aumento de producción con que compraban autos lujosos o se iban de paseo a algún lugar exótico durante las vacaciones. Carmen tampoco se había dejado tentar por los favores que los supervisores otorgaban como descansos más largos o aumento en el sueldo a cambio de acostarse con ellos.

Un día no aguantó más. Se cansó de ser autómata, del trabajo que le quitaba lentamente el aire y la vida y se quejó con el presidente del sindicato, a quien se le veía frecuentemente con el gerente de la empresa. Al día siguiente la llamaron para que firmara un papel de despido voluntario sin beneficio alguno y le mostraron pruebas de videos y conversaciones que le habían grabado en su sitio de trabajo, en el baño y hasta en el dormitorio en donde tenían cámaras para supuestamente cuidar a los trabajadores. Miró el papel, lo rasgó indignada, dijo que se iba a quejar ante las autoridades y se fue. A la salida tomó un autobús y nunca llegó a su destino. Ni a su dormitorio ni a la finca de sus padres. Nadie volvió a preguntar ni a saber de ella.

* Los homicidios de mujeres en la ciudad fronteriza de Juárez (Méjico) según las autoridades se estiman en unos 400 desde el 2003, pero muchos estimativos locales hablan de más de 5.000 casos. La mayoría son mujeres jóvenes entre 12 y 22 años de edad que llegan de zonas rurales a trabajar en las maquilas. Muchos de estos crímenes siguen en la impunidad. Para mayor información visite:
http://www.mujeresdejuarez.org/
http://www.amigosdemujeres.org/

lunes, 29 de marzo de 2010

La Mujer en la Sociedad


El sultán, por temor a ser traicionado, mataba a las doncellas al amanecer. Al percatarse de la situación, una de ellas, Sherezade, en su primer día comienza a contarle un cuento que siempre dejaba inconcluso para la noche siguiente y así el rey Shahriar quedaba en vilo y no llevaba a cabo su horrendo ritual. Al cabo de mil noches le conmuta la pena. De esos cuentos surgió Las Mil y Una Noches, obra mágica que atrapa a niñas, niños y adultos.

Sin embargo, la realidad puede superar con creces a la fantasía. Las mujeres han sido, en su mayoría, menospreciadas y atormentadas a través de la historia. Por ejemplo, el rey de Inglaterra, Enrique VIII, en el siglo XVI mandó a ejecutar a una de sus esposas durante su reinado, Catalina Howard, cuando esta apenas tenía 18 años por supuesto adulterio, a pesar de que él se casó diez veces y tuvo numerosos hijos e hijas ilegítimos. Así mismo, a mediados del siglo XX, se seguían quemando brujas y conjurando exorcismos en los Estados Unidos. Damas solteras o viudas, muchas veces adineradas, eran condenadas más por robarles sus posesiones que por la impureza de su alma. Incluso hoy en día, la violación se sigue utilizando como un arma de guerra, su rebelión a las normas sigue siendo mal vista o castigada en varias culturas y el derecho al voto femenino es restringido en varios países. Igualmente la participación de las mujeres en el manejo de las empresas, los gobiernos y en la misma sociedad es bastante diezmada.

Es un problema que toca las raíces mismas de cada cultura. En las religiones modernas, el rol de la mujer es casi siempre secundario. En el Catolicismo, por ejemplo, se impide que el género femenino imparta la eucaristía o absuelva los pecados mientras Adán se convierte en la pobre víctima de la tentación de Eva. Del mismo modo, en ciertas facciones del Islam la poligamia -solo para los hombres- es permitida, al tiempo que se predica la salvación eterna en un paraíso colmado de mujeres vírgenes. Así mismo, los monasterios budistas son liderados por hombres. A las mujeres, en ciertos grupos religiosos, les está prohibido entrar a lugares sagrados y su papel es contrario a las leyes que mantienen la armonía cósmica. En el Hinduismo los maestros espirituales son todos hombres y muchas veces son obligadas a casarse en matrimonios arreglados y hasta a abortar sin derecho a escoger autónomamente su futuro.

La religión es solo uno de los eslabones en la cadena de desigualdad y sumisión. De manera similar el sistema político -llámese socialismo, comunismo o capitalismo- exhorta a las mujeres a seguir a los líderes, en su mayoría hombres, a leer los textos doctrina de cada sistema, todos escritos por hombres, y a acogerse al pie de la letra a las normas y a las leyes, generalmente escritas por hombres y para hombres. Las cuotas políticas de las mujeres, en la mayoría de países, no se cumplen y siguen siendo vistas como amas de casa con ideas feministas que solo buscan perturbar el poder.

La responsabilidad de esta desigualdad de géneros es de los hombres y en parte de las mismas mujeres. Ellas son exhibidas como objetos sexuales en los medios para vender desde una cerveza hasta un cuaderno. La sociedad ha normalizado la prostitución, el irrespeto con la mirada, los piropos vulgares (acoso sexual) y hasta el abuso dentro y fuera de la casa por esposos, parientes, novios, amigos o desconocidos que las culpan siempre por incitadoras. Las víctimas se convierten en culpables. Expresiones tan comunes como ¡sea varón! o ¡no llore o corra como una niña! denotan ese espíritu machista de ver a la mujer como a un ser inferior. Y algunas mujeres son forzadas a seguir o nacen en sistemas patriarcales en donde ese patrón de explotación comercial y de sumisión, en buena parte responsabilidad del sistema educativo y de crianza, las endoctrina para que sean obedientes, débiles y dependientes, y su meta en la vida sea casarse y atender al esposo. Aunque la situación ha cambiado aun queda mucho por hacer para lograr la tan anhelada igualdad en el complemento de los géneros.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Agua




Páramos que parecen cubiertos con sabanas blancas, caudalosos ríos en selvas tropicales, imponentes picos nevados, lagos y mares majestuosos en los más remotos confines de la tierra, todos hacen parte del complejo ciclo del agua sin el que toda forma de vida sobre el planeta sería imposible. Sin embargo, el ser humano se ha encargado de contaminarla y malgastarla. El agua es, diría yo, el recurso limitado más valioso con que cuenta la humanidad.

Las primeras formas de vida que surgieron en el planeta aparecieron en el agua; las grandes civilizaciones en regiones como Egipto o Mesopotamia debieron gran parte de su desarrollo a la cercanía con el agua; incluso, ciudades como Hong Kong, Nueva York, Montreal, París, Vancouver y Buenos Aires, se siguen desarrollando gracias a que limitan con grandes cuerpos de agua.

No obstante, y a pesar de su importancia, se sigue polucionando y derrochando en cantidades alarmantes. Nuestro planeta cuenta con una superficie que en un 70% está cubierta del preciado líquido, del cual el 97% es salado y solo el 0.5% del agua en el mundo es fresca. Igualmente, del agua que utilizamos se estima que la industria, en países desarrollados, emplea entre el 50% y el 80% (World Business Council for Sustainable Development, 2009), mientras que la agricultura entre un 10% y un 80% de la misma, dejando solamente entre un 5% y un 10% para el consumo humano.

Es verdad que hoy en día la concientización es mayor, su uso ha disminuido y el acceso de la población mundial a fuentes hídricas potables ha mejorado sustancialmente -1.6 billones de personas desde 1990 (The United Nations World Water Development Report 2006)- pero aún queda un largo camino por recorrer.

De algún modo hemos borrado con el codo lo escrito con la mano. La deforestación sigue causando el secamiento de cuencas, el desbordamiento de ríos, y las inundaciones frecuentes. Los páramos se incendian, la erosión, por falta o exceso de agua, acaba con millones de hectáreas cultivables cada año, los acueductos se desecan, la nieve desaparece y el calor y la sed cercan comunidades enteras sobre todo en países en vía de desarrollo.

Cinco millones de personas mueren al año por problemas relacionados con la falta de agua potable. Es un problema de acceso. Mientras ríos y lagunas se convierten en bienes “privatizables” mucha gente muere de sed y otra se da el lujo de comprarla en botella a veces casi tan pura como la del lavabo. Un creciente y jugoso negocio.

Este 22 de Marzo, en el día del agua, debemos recordar lo importante del acceso de este preciado líquido para nuestras vidas y así mismo, estamos obligados a regular su consumo. Este acceso debe ser declarado un derecho fundamental tan importante como la vida misma. De la conservación y el manejo adecuado del agua dependemos todas y todos.

lunes, 15 de febrero de 2010

Ojos azules - ojos cafes

El color de los ojos ¿Nos hace más inteligentes? ; o tal vez ¿Mejores personas? Esto fue lo que descubrió Jane Elliot, una profesora de Riceville, Iowa, el 5 de Abril de 1968, un día después del asesinato de Martín Luther King, en su famoso ejercicio “ojos azules / ojos cafés”.

Niños de tercero primaria divididos en dos grupos por su color de ojos y con ciertos privilegios durante un día como: más descanso, mejor almuerzo, o acceso al nuevo gimnasio, en poco tiempo se tornaban soberbios, arrogantes y ofensivos. De igual forma les iba mejor en los exámenes y hasta leían más rápido. Al mismo tiempo que los niños y niñas del otro grupo se transformaban en personas más tímidas, estúpidas e intimidadas.

Jane Elliot no reveló nada nuevo, simplemente destapó el velo del racismo y la discriminación evidente en la raza humana a lo largo y ancho del planeta. Y en este pequeño pueblo de Iowa -de población en su mayoría blanca- Elliot, junto con su familia, fueron posteriormente blanco de esa misma discriminación oculta, o como lo titula Bárbara Trepagnieg en su libro un “Racismo Silencioso” que divaga al interior de la sociedad que mira con odio y recelo toda diferencia. Incluso en el 2005 no fue invitada para la celebración de los 150 años de la fundación de Riceville, lugar donde todavía existen grandes prejuicios raciales.

El siglo XXI se ufana de tener sociedades incluyentes y comprensivas, mientras estigmatiza cualquier diferencia de raza, sexo, religión, cultura o género, a sabiendas que todos somos iguales. Darwin lo dijo hace siglo y medio “Todos los seres humanos son de una sola especie” y en el 2003, con el Proyecto del Genoma Humano, quedó corroborado que todos, sin importar raza o color de piel, tenemos la misma composición genética y no muy distante de la de los monos.

No podemos olvidar que muchas instituciones tanto religiosas, académicas, como de gobierno, se han fundado sobre las bases del racismo y la exclusión. Esta discriminación se vivió tanto en los imperios de América (Incas, Aztecas) donde también se explotaban y esclavizaban otras culturas y tribus; como en las naciones americanas post-colonialistas, gobernadas por mestizos que abusaron y que aun hoy día siguen explotando las minorías Afros e Indígenas. Incluso la actual educación ‘europeizada’, que ha tenido gran influencia sobre el pensamiento colonialista de superioridad, pureza de raza, y apropiación, sigue siendo la base del actual poderío económico de las potencias.

En el pasado ya habían tratado los Nazis de demostrar la supremacía Aria cambiando los textos en las escuelas y tratando a los demás como seres inferiores; de igual manera, Juan Ginés de Sepúlveda, durante la Controversia de Valladolid en 1550, aseguraba que los nativos Americanos “eran esclavos por naturaleza por no tener alma”; mientras que en Paris, en 1931 el inventor de los zoológicos modernos, Carl Hagenbeck, exhibía indígenas Kanaks de Nueva Caledonia junto a leones, jirafas y elefantes.

Esta visión etnocentrista y de prejuicios es implantada por la misma sociedad desde muy temprano en nuestra infancia como se puede comprobar con el ejercicio de Ojos Azules/ Ojos Cafés. Además, el ser humano tiende a ser incapaz de discernir entre su identidad personal y aquella inculcada por un himno, una bandera, un color de piel, o una ‘cultura’ que lo pueden llevar al nacionalismo, al fanatismo o al concepto racista de creerse mejor y superior a los demás. Por ello Jane Elliot, en entrevista a Los Angeles Times en Marzo de este año aseveraba que: “No se necesita gente de color en una comunidad para que halla racismo”.

El color de los ojos no dice mucho de una persona y mucho menos debería decir el color de piel, el género, o la creencia religiosa, para estigmatizar, dividir y juzgar a las razas o a las personas como inferiores o superiores. E aquí el reto de la inclusión y de la discusión sobre diversidad. El ejercicio también sugiere que muchas de las “fallas” en que se exhiben en las minorías (alcoholismo, crímenes, abusos), se deben precisamente a la construcción de una realidad elaborada por y para la cultura blanca. En este contexto de opresión es sorprendente que a pesar de todas las adversidades y del racismo, una persona de color como Barack Obama fuera incluso electo presidente de la primera potencia mundial; o de que Sonia Sotomayor, una Estadounidense de origen latino, halla sido nombrada jueza de la Suprema Corte de ese país.

Según palabras de Elliot el ejercicio “Valió la pena”, lo que implica que se esta dando un cambio de conciencia y una mayor inclusión de las mal llamadas ‘minorías’ en la sociedad moderna.