Es necesario un cambio de rumbo, una clara alternativa al consumo de energías fósiles para preservar los diversos ecosistemas y poder sostener la vida en el planeta. Aunque el petróleo ha permitido la movilización de bienes a escala global, la creación de grandes industrias y la producción en masa con el acceso de millones a las comodidades del mundo “civilizado” , factores importantes en el crecimiento de la economía mundial, su uso igualmente implica la degradación acelerada del medio ambiente y la implementación de políticas económicas que conllevan una mayor desigualdad y el incremento en la pobreza con costos incalculables para el planeta y buena parte de la población que en él habita.
En sus inicios el petróleo reemplazó la infame cacería de ballenas cuyo aceite era empleado en la fabricación de velas y la iluminación de lámparas y a su vez el impulso de la naciente industria del transporte (aviación, automóviles) y la producción industrial de comienzos del siglo XX. En ese momento histórico nacieron las grandes compañías petroleras. Así se dio inicio a la apropiación del hidrocarburo y a la implementación de políticas que han ido de la mano con el monopolio del sector. Por ejemplo, la British Petroleum (BP) comenzó en 1901 la negociación con el Shah de Irán para la explotación de la reserva petrolera más significativa de la época. Luego de medio siglo y la posterior nacionalización del crudo, el gobierno de Mossadeq es derrocado con apoyo del entonces presidente de Estados Unidos Eisenhower, la CIA y el gobierno británico, para la recuperación de las reservas y la repartición de las ganancias entre Irán el 50%, y el otro 50% entre los Estados Unidos y el Reino Unido. En 1978 una nueva negociación con el Ayatollah Khomeini dejó a Irán con solo el 10% de las regalías y el restante 90% para BP. Hoy en día la mayoría de países productores solo reciben entre el 3 y el 10% de los dividendos de extracción por parte de compañías que ven subir de manera vertiginosa sus dividendos y su influencia (incluso utilizando el chantaje) para tener acceso a nuevas explotaciones. Uno de los casos más documentados sobre la corrupción que genera el petróleo es el del Delta del Río Niger en Nigeria. Dos décadas de conflicto han dejado a más de 100,000 personas desplazadas por el ejercito y grupos armados durante el proceso de exploración y explotación petroleras por parte de la Shell y de la Chevron con pagos comprobados de sobornos y apoyo a las milicias para la expropiación de predios. Nigeria se convirtió en pocos años en un país completamente dependiente del petróleo (25% del GDP), con una inflación extrema y con un sector industrial y agrícola abandonado, mientras las promesas de cambio siguen fracasando ante los intereses particulares de unos pocos gobernantes y de las compañías petroleras que solo buscan el beneficio personal.
Entre tanto, las petroleras argumentan que dentro de sus políticas internas está la creación de empleo en zonas aisladas y el desarrollo de la economía mundial. La verdad es otra. Los salarios de la mayoría de trabajadores en estas compañías siguen estancados en los últimos años, al mismo tiempo que sus CEOs reciben jugosos beneficios. Por ejemplo, el CEO de la Exxon Mobile recibió en el 2009 más de 27 millones de dólares; D.J. Reilly de la Chevron 16,5 millones en ese mismo año y Eugene Isenberg de Nabors Industries 59 millones de dólares en el 2008 por concepto de extracción de gas y petróleo (www.aflcio.org). El director ejecutivo de la Shell, cuya compañía ganó más de ocho billones de dólares en el primer trimestre de este año, argumenta que “las ganancias se debían al incremento en el precio del petróleo y a las mejoras en el manejo operativo”, lo cual implicó el despido en el 2009 de 5.000 trabajadores al mismo tiempo que se espera el despido de otros mil más para según él “hacer la empresa más competitiva e incrementar el precio de sus acciones” (Bloomberg Businessweek 16 de Marzo de 2010).
Por otro lado, la industria petrolera recibe grandes sumas de dinero por medio de gabelas e incentivos. En Estados Unidos, para citar un caso, las compañías petroleras reciben unos $36,5 billones de dólares al año en subsidios, parte de la política petrolera que la actual administración desea cambiar. Del mismo modo, en Canadá estas mismas corporaciones reciben cerca de 1,5 billones de dólares anuales en subvenciones con capital aportado por todos los contribuyentes. Este dinero, en cambio, debería ser empleado para el desarrollo de alternativas limpias como el hidrógeno en los vehículos y la industria, el metano a partir de compuestos orgánicos y la mayor inversión en proyectos de gas natural. Así mismo, La energía solar, hídrica, eólica y térmica, son opciones interesantes que otros países como Alemania, China y Dinamarca están siendo implementadas a gran escala. Este cambio de percepción sobre el uso de energías fósiles y la creación de nuevas oportunidades en una industria de energías limpias minimizará los efectos del cambio climático y sentará las bases para finalizar la dependencia petrolera.
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