lunes, 15 de febrero de 2010

Ojos azules - ojos cafes

El color de los ojos ¿Nos hace más inteligentes? ; o tal vez ¿Mejores personas? Esto fue lo que descubrió Jane Elliot, una profesora de Riceville, Iowa, el 5 de Abril de 1968, un día después del asesinato de Martín Luther King, en su famoso ejercicio “ojos azules / ojos cafés”.

Niños de tercero primaria divididos en dos grupos por su color de ojos y con ciertos privilegios durante un día como: más descanso, mejor almuerzo, o acceso al nuevo gimnasio, en poco tiempo se tornaban soberbios, arrogantes y ofensivos. De igual forma les iba mejor en los exámenes y hasta leían más rápido. Al mismo tiempo que los niños y niñas del otro grupo se transformaban en personas más tímidas, estúpidas e intimidadas.

Jane Elliot no reveló nada nuevo, simplemente destapó el velo del racismo y la discriminación evidente en la raza humana a lo largo y ancho del planeta. Y en este pequeño pueblo de Iowa -de población en su mayoría blanca- Elliot, junto con su familia, fueron posteriormente blanco de esa misma discriminación oculta, o como lo titula Bárbara Trepagnieg en su libro un “Racismo Silencioso” que divaga al interior de la sociedad que mira con odio y recelo toda diferencia. Incluso en el 2005 no fue invitada para la celebración de los 150 años de la fundación de Riceville, lugar donde todavía existen grandes prejuicios raciales.

El siglo XXI se ufana de tener sociedades incluyentes y comprensivas, mientras estigmatiza cualquier diferencia de raza, sexo, religión, cultura o género, a sabiendas que todos somos iguales. Darwin lo dijo hace siglo y medio “Todos los seres humanos son de una sola especie” y en el 2003, con el Proyecto del Genoma Humano, quedó corroborado que todos, sin importar raza o color de piel, tenemos la misma composición genética y no muy distante de la de los monos.

No podemos olvidar que muchas instituciones tanto religiosas, académicas, como de gobierno, se han fundado sobre las bases del racismo y la exclusión. Esta discriminación se vivió tanto en los imperios de América (Incas, Aztecas) donde también se explotaban y esclavizaban otras culturas y tribus; como en las naciones americanas post-colonialistas, gobernadas por mestizos que abusaron y que aun hoy día siguen explotando las minorías Afros e Indígenas. Incluso la actual educación ‘europeizada’, que ha tenido gran influencia sobre el pensamiento colonialista de superioridad, pureza de raza, y apropiación, sigue siendo la base del actual poderío económico de las potencias.

En el pasado ya habían tratado los Nazis de demostrar la supremacía Aria cambiando los textos en las escuelas y tratando a los demás como seres inferiores; de igual manera, Juan Ginés de Sepúlveda, durante la Controversia de Valladolid en 1550, aseguraba que los nativos Americanos “eran esclavos por naturaleza por no tener alma”; mientras que en Paris, en 1931 el inventor de los zoológicos modernos, Carl Hagenbeck, exhibía indígenas Kanaks de Nueva Caledonia junto a leones, jirafas y elefantes.

Esta visión etnocentrista y de prejuicios es implantada por la misma sociedad desde muy temprano en nuestra infancia como se puede comprobar con el ejercicio de Ojos Azules/ Ojos Cafés. Además, el ser humano tiende a ser incapaz de discernir entre su identidad personal y aquella inculcada por un himno, una bandera, un color de piel, o una ‘cultura’ que lo pueden llevar al nacionalismo, al fanatismo o al concepto racista de creerse mejor y superior a los demás. Por ello Jane Elliot, en entrevista a Los Angeles Times en Marzo de este año aseveraba que: “No se necesita gente de color en una comunidad para que halla racismo”.

El color de los ojos no dice mucho de una persona y mucho menos debería decir el color de piel, el género, o la creencia religiosa, para estigmatizar, dividir y juzgar a las razas o a las personas como inferiores o superiores. E aquí el reto de la inclusión y de la discusión sobre diversidad. El ejercicio también sugiere que muchas de las “fallas” en que se exhiben en las minorías (alcoholismo, crímenes, abusos), se deben precisamente a la construcción de una realidad elaborada por y para la cultura blanca. En este contexto de opresión es sorprendente que a pesar de todas las adversidades y del racismo, una persona de color como Barack Obama fuera incluso electo presidente de la primera potencia mundial; o de que Sonia Sotomayor, una Estadounidense de origen latino, halla sido nombrada jueza de la Suprema Corte de ese país.

Según palabras de Elliot el ejercicio “Valió la pena”, lo que implica que se esta dando un cambio de conciencia y una mayor inclusión de las mal llamadas ‘minorías’ en la sociedad moderna.

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