miércoles, 17 de febrero de 2010

Agua




Páramos que parecen cubiertos con sabanas blancas, caudalosos ríos en selvas tropicales, imponentes picos nevados, lagos y mares majestuosos en los más remotos confines de la tierra, todos hacen parte del complejo ciclo del agua sin el que toda forma de vida sobre el planeta sería imposible. Sin embargo, el ser humano se ha encargado de contaminarla y malgastarla. El agua es, diría yo, el recurso limitado más valioso con que cuenta la humanidad.

Las primeras formas de vida que surgieron en el planeta aparecieron en el agua; las grandes civilizaciones en regiones como Egipto o Mesopotamia debieron gran parte de su desarrollo a la cercanía con el agua; incluso, ciudades como Hong Kong, Nueva York, Montreal, París, Vancouver y Buenos Aires, se siguen desarrollando gracias a que limitan con grandes cuerpos de agua.

No obstante, y a pesar de su importancia, se sigue polucionando y derrochando en cantidades alarmantes. Nuestro planeta cuenta con una superficie que en un 70% está cubierta del preciado líquido, del cual el 97% es salado y solo el 0.5% del agua en el mundo es fresca. Igualmente, del agua que utilizamos se estima que la industria, en países desarrollados, emplea entre el 50% y el 80% (World Business Council for Sustainable Development, 2009), mientras que la agricultura entre un 10% y un 80% de la misma, dejando solamente entre un 5% y un 10% para el consumo humano.

Es verdad que hoy en día la concientización es mayor, su uso ha disminuido y el acceso de la población mundial a fuentes hídricas potables ha mejorado sustancialmente -1.6 billones de personas desde 1990 (The United Nations World Water Development Report 2006)- pero aún queda un largo camino por recorrer.

De algún modo hemos borrado con el codo lo escrito con la mano. La deforestación sigue causando el secamiento de cuencas, el desbordamiento de ríos, y las inundaciones frecuentes. Los páramos se incendian, la erosión, por falta o exceso de agua, acaba con millones de hectáreas cultivables cada año, los acueductos se desecan, la nieve desaparece y el calor y la sed cercan comunidades enteras sobre todo en países en vía de desarrollo.

Cinco millones de personas mueren al año por problemas relacionados con la falta de agua potable. Es un problema de acceso. Mientras ríos y lagunas se convierten en bienes “privatizables” mucha gente muere de sed y otra se da el lujo de comprarla en botella a veces casi tan pura como la del lavabo. Un creciente y jugoso negocio.

Este 22 de Marzo, en el día del agua, debemos recordar lo importante del acceso de este preciado líquido para nuestras vidas y así mismo, estamos obligados a regular su consumo. Este acceso debe ser declarado un derecho fundamental tan importante como la vida misma. De la conservación y el manejo adecuado del agua dependemos todas y todos.

lunes, 15 de febrero de 2010

Ojos azules - ojos cafes

El color de los ojos ¿Nos hace más inteligentes? ; o tal vez ¿Mejores personas? Esto fue lo que descubrió Jane Elliot, una profesora de Riceville, Iowa, el 5 de Abril de 1968, un día después del asesinato de Martín Luther King, en su famoso ejercicio “ojos azules / ojos cafés”.

Niños de tercero primaria divididos en dos grupos por su color de ojos y con ciertos privilegios durante un día como: más descanso, mejor almuerzo, o acceso al nuevo gimnasio, en poco tiempo se tornaban soberbios, arrogantes y ofensivos. De igual forma les iba mejor en los exámenes y hasta leían más rápido. Al mismo tiempo que los niños y niñas del otro grupo se transformaban en personas más tímidas, estúpidas e intimidadas.

Jane Elliot no reveló nada nuevo, simplemente destapó el velo del racismo y la discriminación evidente en la raza humana a lo largo y ancho del planeta. Y en este pequeño pueblo de Iowa -de población en su mayoría blanca- Elliot, junto con su familia, fueron posteriormente blanco de esa misma discriminación oculta, o como lo titula Bárbara Trepagnieg en su libro un “Racismo Silencioso” que divaga al interior de la sociedad que mira con odio y recelo toda diferencia. Incluso en el 2005 no fue invitada para la celebración de los 150 años de la fundación de Riceville, lugar donde todavía existen grandes prejuicios raciales.

El siglo XXI se ufana de tener sociedades incluyentes y comprensivas, mientras estigmatiza cualquier diferencia de raza, sexo, religión, cultura o género, a sabiendas que todos somos iguales. Darwin lo dijo hace siglo y medio “Todos los seres humanos son de una sola especie” y en el 2003, con el Proyecto del Genoma Humano, quedó corroborado que todos, sin importar raza o color de piel, tenemos la misma composición genética y no muy distante de la de los monos.

No podemos olvidar que muchas instituciones tanto religiosas, académicas, como de gobierno, se han fundado sobre las bases del racismo y la exclusión. Esta discriminación se vivió tanto en los imperios de América (Incas, Aztecas) donde también se explotaban y esclavizaban otras culturas y tribus; como en las naciones americanas post-colonialistas, gobernadas por mestizos que abusaron y que aun hoy día siguen explotando las minorías Afros e Indígenas. Incluso la actual educación ‘europeizada’, que ha tenido gran influencia sobre el pensamiento colonialista de superioridad, pureza de raza, y apropiación, sigue siendo la base del actual poderío económico de las potencias.

En el pasado ya habían tratado los Nazis de demostrar la supremacía Aria cambiando los textos en las escuelas y tratando a los demás como seres inferiores; de igual manera, Juan Ginés de Sepúlveda, durante la Controversia de Valladolid en 1550, aseguraba que los nativos Americanos “eran esclavos por naturaleza por no tener alma”; mientras que en Paris, en 1931 el inventor de los zoológicos modernos, Carl Hagenbeck, exhibía indígenas Kanaks de Nueva Caledonia junto a leones, jirafas y elefantes.

Esta visión etnocentrista y de prejuicios es implantada por la misma sociedad desde muy temprano en nuestra infancia como se puede comprobar con el ejercicio de Ojos Azules/ Ojos Cafés. Además, el ser humano tiende a ser incapaz de discernir entre su identidad personal y aquella inculcada por un himno, una bandera, un color de piel, o una ‘cultura’ que lo pueden llevar al nacionalismo, al fanatismo o al concepto racista de creerse mejor y superior a los demás. Por ello Jane Elliot, en entrevista a Los Angeles Times en Marzo de este año aseveraba que: “No se necesita gente de color en una comunidad para que halla racismo”.

El color de los ojos no dice mucho de una persona y mucho menos debería decir el color de piel, el género, o la creencia religiosa, para estigmatizar, dividir y juzgar a las razas o a las personas como inferiores o superiores. E aquí el reto de la inclusión y de la discusión sobre diversidad. El ejercicio también sugiere que muchas de las “fallas” en que se exhiben en las minorías (alcoholismo, crímenes, abusos), se deben precisamente a la construcción de una realidad elaborada por y para la cultura blanca. En este contexto de opresión es sorprendente que a pesar de todas las adversidades y del racismo, una persona de color como Barack Obama fuera incluso electo presidente de la primera potencia mundial; o de que Sonia Sotomayor, una Estadounidense de origen latino, halla sido nombrada jueza de la Suprema Corte de ese país.

Según palabras de Elliot el ejercicio “Valió la pena”, lo que implica que se esta dando un cambio de conciencia y una mayor inclusión de las mal llamadas ‘minorías’ en la sociedad moderna.